Autor Tema: Para leer y releer  (Leído 1790 veces)

BF

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Para leer y releer
« en: 13 de Mayo de 2010, 09:36:01 »
La gran diferencia entre un gran maestro de talla universal, y la pléyade de alumnos más o menos aventajados, es la capacidad de resumir detalladamente en pocos párrafos lo que los demás necesitamos libros enteros.
Espero que mis diversas colaboraciones de estos meses les sirva para mejor leer y comprender el contenido de este magnífico artículo, digno de ser enmarcado y expuesto en el salón de Gobierno –sea del color que sea- de nuestra España, para recordarles siempre la realidad económica.
Gracias, profesor
.



El problema económico y su solución
Profesor Juan Velarde Fuertes – 13 mayo 2010

En estos momentos muy duros de nuestra economía precisamos señalar la raíz del problema y, de modo derivado, la posible solución. Esa se encuentra en la incapacidad que ha mostrado la economía española, más concretamente desde 2003 a 2007, de combinar fuerte desarrollo económico y equilibrios en las balanzas exteriores.
Para mantener el desarrollo sin problemas era necesaria la llegada, bien de capital extranjero a largo plazo, con sus complementarias aportaciones tecnológicas, o bien fondos a corto plazo. La política económica española impulsó esto último sencillamente a través de bonos de nuestras instituciones crediticias que se colocaban en otras instituciones financieras del exterior.

La segunda circunstancia remota se halla en nuestra participación en la Eurozona. Nos introdujimos en un área monetaria óptima y aceptamos perder el control del tipo de cambio y del tipo de interés, que pasó al Banco Central Europeo. De esta forma, como simultáneamente no resolvimos problemas microeconómicos, nos encontramos con que los precios españoles crecían por encima de los tipos de interés que determinaba el BCE. Teníamos, pues, tasas negativas para el pago de nuestros préstamos. Tal excelente situación provocó un alud de endeudamiento en las empresas financieras, en las no financieras y en las economías domésticas. En parte considerable, bastantes de los impulsos derivados se fueron al sector de la construcción. No se tuvo en cuenta que para mantenernos en un área monetaria óptima es necesario que no existan desequilibrios exteriores significativos.

De manera próxima surgieron dos cuestiones enlazadas.
Por un lado, el sistema financiero mundial crujió a partir del verano de 2007. Naturalmente, esto cortó la posibilidad de la cómoda financiación que recibía nuestra economía para sus desequilibrios exteriores.
Simultáneamente, como esto produjo desorganización del aparato productivo, a partir del lógico hundimiento del sector inmobiliario, con el añadido de un fuerte incremento del paro, el Sector Público decidió poner remedio a través de incrementos notables del gasto público, creando en el año 2009 el mayor déficit presupuestario que, respecto al PIB, ha existido nunca en nuestra economía; esto es además del endeudamiento de empresas y familias, ahora fue el Sector Público el que pasó a añadir la suya a esta deuda.
La gran interrogación surgida en los mercados financieros internacionales fue: ¿va España a ser capaz de devolver estas deudas?

Así es como surgió nuestro enlace con la coyuntura económica mundial. Los datos del Banco de Pagos Internacionales de Basilea mostraron la magnitud del endeudamiento de nuestro sistema crediticio. Simultáneamente se comenzó a observar qué era lo que sucedía en otros países de la periferia de Europa: Irlanda, Portugal, Italia y Grecia. El conjunto alarmó, pero especialmente cuando se comprendió la magnitud, y el significado, de la deuda española. Una suspensión de pagos por parte de España podría significar, debido a que nuestro país no tomaba medida alguna para comenzar a poner en orden sus finanzas, el hundimiento de parte significativa del sistema crediticio europeo. Esto, de inmediato, originaría que el estallido de la bomba financiera española borraría casi todas las posibilidades de salida de la crisis por parte de países fundamentales de Europa. Pero esto, de manera inmediata, arrastraría al euro, complicando, por supuesto, su contrapartida, el dólar. La subida de la moneda norteamericana acarrearía dificultades para que los Estados Unidos pudiesen de algún modo aliviar, a través de las exportaciones, su propia crisis económica. Las consecuencias, por tanto, de la penosa situación financiera española abarcaban puntos fundamentales de la coyuntura económica mundial.
Esto es lo que explica lo sucedido en reuniones, conferencias, llamadas telefónicas, que culminaron con la decisión española del 12 de mayo de 2010. Lo que esto significa es un esfuerzo macroeconómico equilibrador muy fuerte nuestro para que las economías extranjeras no sufran el penoso impacto que España podría originar.
Pero no quiere decir en absoluto que sirva para aliviar, excepto en el sentido de que no vamos a empeorar en medio de un importante cataclismo económico internacional, nuestra coyuntura
.

Lo que se ha dejado a un lado y se encuentra ahí de nuevo amenazándonos es la solución por el camino macro y microeconómico de nuestros problemas. La relación de los mismos impresiona. ¿Qué decir de lo que sucede con la energía, a causa de ese error colosal que significa la huida de las centrales nucleares, acompañado de una serie de medidas equivocadas sobre las tarifas y la deuda de las empresas? Cuando se repara en lo que ocurre en el terreno de las industrias manufactureras, contemplamos no sólo una caída verdaderamente espectacular en su participación en el PIB, sino que al estudiar las causas vemos una apuesta, ciertamente muy preocupante, hacia actividades relacionadas con tecnologías muy poco avanzadas. Como estas son accesibles a países competidores pobres que, además, tienen niveles salariales más bajos que los nuestros, el problema de nuestra competitividad queda agravado.Pero no sólo es esto. En el sector crediticio vemos que está sin resolver el arduo problema de las Cajas de Ahorros, sobre el que habremos de retornar una y otra vez. Pero en el Sector Público cuestiones tan fundamentales para la marcha de la economía como la importancia del impuesto de sociedades parecen varadas en las playas del olvido, seguramente como consecuencia del problema del déficit. El miedo a las reacciones sindicales bloquea todo lo vinculado con el mercado del trabajo. El análisis de la ley de Okun muestra una separación radical de la creación de empleo en España y en otros países europeos al crecer el PIB: nosotros necesitamos una mayor tasa de desarrollo para la misma creación de empleo. ¿Y qué decir de la ruptura de los mercados de factores productivos y bienes y servicios derivada de lo que sucede en las diversas, y a veces contrapuestas, políticas económicas de las Autonomías?
Y a todo esto, agréguese que no se atiende a cuestiones fundamentales para el desarrollo, como la educación o el aprovechamiento de la renta de situación internacional española a través de las infraestructuras adecuadas.
Todo esto quiere decir que en estos momentos lo que se alivia es la situación internacional y no se agrava, por ello, la situación española.

Pero también que abandonamos toda posibilidad de salir de la crisis económica. Si además de ello el mundo financiero internacional continúa condenando a España con la consiguiente falta de llegada de fondos del exterior y, lógicamente, con salida de fondos de España para salvarse nuestros empresarios con su internacionalización, pasaríamos a encontrarnos en una situación de decadencia económica prolongada.
De algún modo esto semejaría lo ocurrido después del gran impulso que tuvo nuestra economía en el siglo XVI, que fue seguido a lo largo de todo el siglo XVII con una caída espectacular que se convirtió en una rémora para poder impulsarla adecuadamente, cuando a finales del siglo XVIII llegó la Revolución Industrial. Una y otra vez hay que pensar en aquella frase del profesor Olariaga: «Ocho, diez años en la vida económica moderna son suficientes para encumbrar a un pueblo en el concierto internacional o para dejarlo batido y rezagado por medio siglo». En una situación democrática, pues, la responsabilidad de todos y cada uno es formidable.

http://www.abc.es/20100513/opinion-tercera/problema-economico-solucion-20100513.html

jmdpr

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Re: Para leer y releer
« Respuesta #1 en: 13 de Mayo de 2010, 09:54:44 »
Despues de leer esto me parece que mi sueño es imposible (solo imposible)

Manuel59

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Re: Para leer y releer
« Respuesta #2 en: 13 de Mayo de 2010, 10:36:21 »
"España va bien"

Desde Faes ya se preocupan de arrimar el hombro y colocar España en su lugar, justo en el estercolero.

Seguimos siendo el culo del mundo por más que algún presidente se vanagloriase y pusiese los pies encima de la mesa. Tan nefastos unos como los otros.

Nos queda un siglo de democracia, y nosotros no lo veremos, para que se pueda llevar a la cárcel al político corrupto, al político que sólo mire por los intereses de su partido y no de la sociedad. Para que se tomen medidas que conduzcan al bienestar social y no a un engañabobos.

Nunca en toda la historia ha habido una sociedad tan inútil como la que hay ahora. Marx dijo que la religión era el opio del pueblo. Eso lo dijo porque no vivió en nuestros días. Hoy diria lo mismo del fútbol, de la televisión y de unas cuantas gilipolleces más.

Con 5 ó 6 años me hicieron leer el historieta del Hombre de la Camisa Feliz. ¡Qué profundas enseñanzas en tan poco texto!

BF

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Re: Para leer y releer
« Respuesta #3 en: 18 de Mayo de 2010, 22:53:32 »
La raíz de nuestro problema
Profesor Juan Velarde – 16 mayo 2010

Son estos momentos muy duros para nuestra economía. Es natural que se busque una explicación clara a lo que nos sucede. Conviene explicarlo. España experimentó un crecimiento muy fuerte, con pequeños frenos, de 1959 a 2007. Pero eso se debía, una y otra vez, esencialmente a cuestiones que procedían del exterior. Así sucedió con el choque petrolífero y el subsiguiente empeoramiento de la relación real de intercambio de nuestra economía a partir de 1973, o en 1992-1995, con el choque derivado de las reacciones de la economía alemana tras la ampliación de la República Federal Alemana por la caída del Muro de Berlín y el final de la Guerra Fría dentro del Sistema Monetario Europeo en el que se había integrado la peseta. Era repetir, una y otra vez nuestra historia, porque en cualquier manual de Historia serio que pudiese existir sobre cualquier época española, resplandece el impacto favorable o desfavorable del mundo exterior. Por ello, era obligado, a todo el que dirigiese nuestra economía, atender ese aspecto de nuestra coyuntura con sin igual cuidado. Y tras la etapa de reactivación que se produce desde 1996 a 2003 gracias al modelo Aznar-Rato, si es que se quería continuar emulándolo, era preciso cuidar esta concreta realidad con mimo.

¿Hubo algo de eso? Nada en absoluto. No parecía importar, cuando se declaraba, absurda y enfáticamente, como si se tratase de algo evidente, que se iba a eliminar la energía nuclear, con lo que de modo obligado el coste de la generación de la electricidad se iba a incrementar. Sólo recibía plácemes el que cada Autonomía organizase sus políticas económicas internas a través de decisiones administrativas absolutamente dispares las unas de las otras, con lo que se rompía algo que era esencial para bajar costes: la unidad radical del mercado español. Por cierto, que esta posibilidad de ruptura de esta unidad de la acción de la política económica, para la que da la impresión de haberse previsto una respuesta en el artículo 131.2 de la Constitución de 1978 –bastaba sustituir la palabra “planificación” por “política económica”—, nunca se tuvo en cuenta. Era suficiente consultar la matriz inversa de una tabla de insumo-producto para comprender que el impulso a la industria de la construcción generaba mucha importación y prácticamente muy pocas rentas procedentes del exterior. Agréguese que, además, la necesidad del factor trabajo en ella pasaba a exigir una llegada muy grande de inmigrantes, que remitían remesas a sus países de origen. Por supuesto, tampoco se observó a fondo la cuestión de nuestro desarrollo en I+D+i. Basta leer los documentos de COTEC, para entender cómo desde esta institución, José Ángel Sánchez Asiaín parecía clamar en el desierto. En el mercado del trabajo, el sistema de convención colectiva impulsaba un aumento de los salarios por encima de la productividad. Y el aparato institucional, como denunciaba una y otra vez Carlos Sebastián, frenaba con fuerza nuestra competitividad sin que se procurase, ni de lejos, abordar reforma alguna.

En estas condiciones, el endeudamiento en el exterior se encuentra tras el fortísimo desarrollo que va de 2003 a 2007. Y, de pronto, llegó el hundimiento financiero internacional, bien visible a partir del 9 de agosto de 2007, cuando, como dice muy bien Carlos Sebastián, “se secaron repentinamente los mercados internacionales de financiación a corto plazo”. Pero nuestra expansión en parte notable se apoyaba en el Sector inmobiliario. El profesor Juan José Toribio, tras señalar en sus declaraciones en Mundo Cristiano, marzo 2010, que “estamos ante la crisis más importante de nuestra historia”, explica así perfectamente este enlace, al contestar a la pregunta de ¿cuál ha sido la causa de la crisis?: “Por un lado, la fuerte crisis financiera internacional. En nuestro caso concreto, además, la actividad económica estaba exclusivamente centrada en el sector inmobiliario. Y esa actividad se financiaba con el ahorro extranjero. Los bancos españoles emitían bonos fuera del país y obtenían un dinero con el que luego financiaban en especial al sector inmobiliario”.

Para agravarlo todo, prácticamente la mitad del sistema crediticio, las Cajas de Ahorros, que tienen colosales dificultades institucionales para capitalizarse, consideraron que participar en ese proceso ofrecía perspectivas magníficas.
Y como una señal palpable, pero de la que nadie parecía hacer caso, el déficit por cuenta corriente español se colocó sólo detrás del norteamericano, y ahí sigue.

Los estudiosos nos explican muy bien todo eso. Yo aconsejaría la lectura detenida, por ejemplo, del trabajo de Carlos Garcimartín, Luis Rivas y Pilar García Martínez, “On the Role of Relative Prices and Capital Flows in Balance–of Payments Constrained Growth: The Experiences of Portugal and Spain in the Euro Area” (Instituto Complutense de Estudios Internacionales, WP05/10). Pero, cuando redacto esto, basándose en un dato intertrimestral, del PIB para justificar la inacción habida, se trompetea que la recesión ha concluido, al mismo tiempo que, como una señal inequívoca de los mercados internacionales, concluye una auténtica “semana negra” en nuestra Bolsa.
 
Quizá, también, no sólo en el impacto exterior, sino en esta inacción, esté la raíz de lo muy grave que nos sucede.

http://www.neg-ocio.com/

Cayo

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Re: Para leer y releer
« Respuesta #4 en: 19 de Mayo de 2010, 00:44:40 »
La raíz de nuestro problema

¿cuál ha sido la causa de la crisis?: “Por un lado, la fuerte crisis financiera internacional. En nuestro caso concreto, además, la actividad económica estaba exclusivamente centrada en el sector inmobiliario. Y esa actividad se financiaba con el ahorro extranjero.  


Quizás el siguiente enlace encaje aquí:

http://blogsfinancieros.es/la-crisis-en-6-graficas/
Nada nuevo bajo el Sol

BF

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Re: Para leer y releer
« Respuesta #5 en: 22 de Mayo de 2010, 17:27:58 »
Un plan de ajuste que genera desorden
Profesor Juan Velarde – 21 mayo 2010 

Falta desde hace ya años tomar simultáneamente otras medidas de tipo macroeconómico, reformando las estructuras vinculadas con los diversos mecanismos productivos.
Porque en ello se encuentra la raíz de nuestra falta de competitividad
.

Tras el preludio de Dubai y el importante conflicto socioeconómico griego, y en medio de hundimientos bursátiles notables, noticias como la de la escapada de Irlanda por su buen hacer, y de Italia de algún modo, no impidieron que los mercados financieros pasasen a asustarse a causa del considerable grado de endeudamiento de los países ibéricos. Naturalmente, el peso español es mucho más alto que el lusitano –el PIB global portugués es el 15% del español, y su PIB por habitante en el año 2008 era el 64% de la nación hermana–, pero ambos países suponen, al sumar sus respectivos PIB, cinco veces lo que significa Grecia, y en su conjunto, respecto a todos los países del mundo, el bloque luso-español ocupa el octavo puesto por el volumen de su PIB. Sólo están por delante Alemania, China, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Gran Bretaña. De ahí que al observarse que ese endeudamiento no tenía trazas de corregirse a causa de la falta de competitividad de ambos países, surgió la alarma derivada de la magnitud de la crisis que podría originar una suspensión de pagos ibérica y, particularmente, española. De ahí las presiones internacionales sobre el presidente Rodríguez Zapatero. El euro podía venirse al suelo, y en esas condiciones, romperse como había sucedido antaño con el patrón oro o, como consecuencia de la financiación de la Guerra Fría, con el patrón oro-dólar creado en Bretton Woods, que liquidó Nixon en agosto de 1973. Las consecuencias sistémicas escalofrían.
También tendrán que escalofriarnos a nosotros. Alemania o Francia, Estados Unidos o China iban a pasarlo mal al estallar la bomba ibérica, pero concretamente España pasaría a hundirse económicamente para, por lo menos, un siglo. De ahí que, consciente el Gobierno tras la reunión del Ecofin de lo cierto de esa realidad ya muy próxima, decidió las medidas anunciadas el 12 de mayo de 2010. Son, evidentemente, contractivas y, por ello, van a deprimir de modo contundente a nuestra economía.
Esta depresión se ha de soportar en el año 2010 tras un hundimiento, el año pasado 2009, que supuso la mayor caída anual que se conoce en nuestro PIB, salvo por las de los años –y a poco que se conozca la historia, se sabe qué circunstancias durísimas se vivieron en ellos– 1868, 1874, 1879, 1896, 1930, 1936, 1937 y 1945.
También tendrá que asumir una realidad social muy negativa a causa de un desempleo que ya supera el 20% de la población activa, aparte del componente gravísimo de haber alcanzado ese año 2009, el mayor déficit de nuestra historia fiscal desde 1850.
De ahí la unanimidad de los economistas: tal decisión conlleva la amenaza de que el movimiento hecho por el Gobierno ha sido el de evitar un mal mayor, pero que, por fuerza, se sigue el camino de acentuar la depresión. Campa, incluso casi acaba de admitirlo en una conferencia en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Oviedo, según la versión en La Nueva España de Marián Martínez, pues indicó que las medidas se habían adoptado por "la necesidad de clara credibilidad a la economía española ante los potenciales terrores de falta de capacidad para devolver la deuda".

Pero la unanimidad de los economistas no reside sólo en que no había otro remedio que adoptar estas medidas, sino que falta, de modo escalofriante desde hace ya años –pero desde el verano de 2007 de manera muy peligrosa–, tomar simultáneamente otras de tipo macroeconómico, reformando las estructuras vinculadas con los diversos mecanismos productivos.
Porque en ello se encuentra la raíz de nuestra falta de competitividad, que motivó que nuestro desarrollo se apoyase sobre unos cimientos no de roca, sino de arena
.
*¿Pero se habla, para ello, de reformas serias en torno a nuestra apuesta en favor de energías caras?
*¿Y de la ruptura del mercado español por las distintas (y en ocasiones contradictorias) medidas de política económica adoptadas por las diferentes autonomías?
*¿Y del mercado de trabajo, generador por su estructura de paro, de inflación y de déficit exterior?
*¿Y del gravísimo problema de nuestro retraso tecnológico?
*¿Y, por ejemplo, del impuesto de sociedades, una de las causas de la evasión de capitales y de la falta de captación de otros?
*¿Y de la lamentable política de infraestructuras, tan acertadamente criticada por Álvarez-Cascos y Benigno Blanco en el folleto de FAES Un plan nada extraordinario de infraestructuras?
*La relación puede seguir con aspectos institucionales como plantea Carlos Sebastián,
*o con muy serias cuestiones del mundo rural como plantea Jaime Lamo de Espinosa,
*o con alarmantes problemas industriales como hace el profesor Molero... y así casi indefinidamente.
¿No supone ignorar todo cuando se acepta un formidable desorden económico, rechazado por todos los estudiosos?.
Hace años, trabajando al gran Max Weber, me encontré con una frase suya en el apartado de "Concepto de orden legítimo" en su inmortal obra Economía y Sociedad, que creo me sirve para calificar esta desorientación, este desorden que se observa desde hace tiempo, pero ahora de manera acentuada en nuestra política económica. Es ésta: "Cuando (existe) elusión o transgresión del sentido de un orden... entonces la validez de ese orden es muy limitado o ha dejado de subsistir en definitiva".

http://www.libertaddigital.com/opinion/juan-velarde/un-plan-de-ajuste-que-genera-desorden-54891/

isidora

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Re: Para leer y releer
« Respuesta #6 en: 22 de Mayo de 2010, 20:47:40 »

Citar
También tendrán que escalofriarnos a nosotros. Alemania o Francia, Estados Unidos o China iban a pasarlo mal al estallar la bomba ibérica, pero concretamente España pasaría a hundirse económicamente para, por lo menos, un siglo.


    :D :D :D  ¡¡¡Uuuuhhhhhhhh, que viene Españaaaaa y os come !! 

  Si tanto miedo les damos ya saben lo que tienen que hacer, que nos traigan todas la fabricas aquí.

   ¡ Anda que si yo mandara....  !   ;) :D

Citar
"Cuando (existe) elusión o transgresión del sentido de un orden... entonces la validez de ese orden es muy limitado o ha dejado de subsistir en definitiva".

   Exactamente, creo que en eso estamos, hay que deshacerse de antiguos paradigmas para generar sobre sus cimientos otros nuevos. Son tiempos de cambio.

     :-* :-* :-*

rapelin

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Re: Para leer y releer
« Respuesta #7 en: 22 de Mayo de 2010, 23:28:59 »
Me he leido todo este panfleto económico y como se suele decir es muy facil torear los toros desde la barrera, ai solamente fuese económico el problema hace tiempo que estaría solucionado. Aquí se han juntado dos crisis una económica y otra social por el desempleo, la tactica está clara "divide y venceras",  la duplicidad de administraciones (autonómicas y estatal) no permiten ni atajar el problema ni ahorrar gastos que permitan fomentar el empleo (mediante rebaja fiscal a empresas), y se dá la paradoja que tenemos que atender a los parados con los escasos recursos que tenemos y encima machacar de impuestos a las empresas que son las que pueden emplear y quitar parados de la lista

¿A que se dedica el ministerio de trabajo? quizá a contar parados, 
El tiempo es dinero si sabes aprovecharlo

BF

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Re: Para leer y releer
« Respuesta #8 en: 26 de Julio de 2010, 14:02:55 »
La gripe y el cáncer
Profesor Juan Velarde – 26 julio 2010

El giro que se intenta dar, para soslayar la sentencia del TC, divide la unidad del mercado nacional y disminuye la competitividad

Precisamente en medio del Debate sobre el estado de la Nación, en ABC de 15 de julio de 2010 se oyó una voz que lo aclaraba muy bien todo. José Ángel Sánchez Asiaín, en unas declaraciones a Blanca Torquemada, Antonio Astorga y Virginia Ródenas, concluía: «En España tenemos dos enfermedades: la crisis, que es como la gripe porque pasará, y un cáncer, el de la falta de competitividad.
Y sin embargo todas las medidas se están tomando contra esa gripe, no contra ese cáncer».

Me atrevo a decir que algunas de estas medidas, incluso agravan, al par, la crisis económica y el cáncer.
El giro que se intenta dar, para soslayar la sentencia del Tribunal Constitucional, al dividir la unidad del mercado nacional de factores y productos, disminuye la competitividad, esto es, agrava el cáncer, y también la gripe, porque incrementa, por fuerza, el déficit del sector público español en su conjunto, al enmarcarse en una inequívoca marcha hacia una foralización fiscal de una Cataluña que no tienen precisamente una calificación alta en las garantías de su deuda.

Los datos a corto plazo para la economía española, aunque se pretenda maquillarlos, los mercados financieros no los ignoran. Por un lado, si calculamos el «índice de malestar» o «índice miseria» de las cuentas económicas más importantes del mundo, con las pequeñas desviaciones de unos meses que ofrecen sus estadísticas aparecidas en The Economist de 17 de julio de 2010 —esto es, si a la suma del IPC y de la tasa de desempleo, se le resta el incremento del Producto Interior Bruto, o se le suma, si éste desciende—, se sitúa a España en el tercer puesto mundial de este índice, tras Venezuela y África del Sur.
El cuarto puesto corresponde a Grecia, el quinto a Hungría y el sexto a la India.
Es evidente que no es una medida estadísticamente perfecta, pero marca una dirección que es enunciada así por Fernando Fernández en su artículo «Una incómoda sensación» en El Economista, el 17 de julio de 2010: «La economía española sigue estancada, los mercados internacionales cerrados —véase la apelación de los bancos españoles al Banco Central Europeo en mayo—, los diferenciales de deuda no descienden, y aunque el Tesoro coloca la deuda, el precio sigue subiendo, y el crédito al sector privado sigue congelado, sobre todo a las pymes, que son el eslabón más frágil».

Es evidente que lo que teme el exterior no es nuestro cáncer, sino nuestra gripe.
Si no competimos, allá nuestro problema.
Siempre la clientela posible de España la puede ocupar alguna China o alguna Corea del Sur.
Pero si tenemos un déficit grande, ponemos en peligro al euro, o si disponemos de un sistema crediticio con realidades incluso absurdas, como era nuestro sistema de cajas de ahorros, como probó Jaime Terceiro nada menos que en su artículo en «Información Comercial Española» diciembre 1995, titulado «Singularidades en el sistema financiero español: la situación de las cajas de ahorros», sí complicamos de inmediato a nuestros vecinos.

Al contemplar en ABC de 17 de julio de 2010 las quince resoluciones del PSOE tras el Debate sobre el estado de la Nación, es clara su desviación de las muy duras medidas que exige siempre, por seguir el símil de Sánchez Asiaín, eliminar un cáncer, esto es, aceptar la energía nuclear; alterar el sistema de convenios colectivos; liquidar las disposiciones derivadas de las políticas intervencionista de las Autonomías; cambiar radicalmente nuestro sistema educativo para hacerlo permeable a una seria política de I+D+i; reducir el impuesto de Sociedades; eliminar las trabas institucionales a la puesta en marcha de actividades empresariales, que en España, como muestra la tabla 1.3 de «Doing Business 2010» (Palgrave Macmillan), incluso dejan chicos aquellos famosos estudios hispanoamericanos del economista peruano Hernando de Soto; poner en marcha una reordenación radical de nuestras infraestructuras de transportes y comunicaciones, y así sucesivamente.

Sobre las metáforas siempre soy cuidadoso y ésta del cáncer y la gripe es una de esas imágenes típicas. Tengo sistemáticamente presente aquel definitivo y duro artículo de Juan José Domenchina «El profesor inútil», publicado en La Voz el 30 de abril del año 1934. Pero en él alude también, porque era de justicia, a que Ortega y Gasset fue «creador o descubridor de algunas muy felices» imágenes. Y ésta de Sánchez Asiaín resulta que lo es.

http://www.abc.es/20100726/economia/gripe-cancer-20100726.html

BF

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Re: Para leer y releer
« Respuesta #9 en: 31 de Julio de 2010, 17:40:24 »
El endeudamiento exterior, esa amenaza
Profesor Juan Velarde

Es urgente una corrección del déficit exterior a través de «cambios en la estructura productiva española y una mejora de la competitividad»
 
La combinación de una fuerte caída en la competitividad internacional de nuestro aparato productivo, cuando nuestra economía es muy abierta -hecho positivo por cierto, pues sin él no hubiéramos progresado como lo hemos hecho a partir de 1959, y de un colosal crecimiento del déficit de nuestro sector público en el año 2009 -conviene insistir que fue el mayor desde 1850 en porcentaje del PIB- ha originado una situación ciertamente muy peligrosa.

Lo enuncia sintéticamente así el Informe anual 2009 del Banco de España, al estimar que nuestra deuda conjunta «frente al resto del mundo representaba al cierre de 2009 algo más del 90% del PIB».
O sea, unos 900 mil millones de euros, o si se quiere, que cada español tendrá, de un modo u otro, que entregar al exterior 20.000 euros, una deuda externa muy fuerte.
Recuérdese que en el pasado ha hundido, por ejemplo, a multitud de economías iberoamericanas, o provocado las gigantescas conmociones políticas y económicas centradas en Alemania tras la I Guerra Mundial, como atinó a exponer Keynes en su famoso ensayo «Las consecuencias económicas de la paz» (1919).

A veces España encontró alivio con llegadas importantes de capitales extranjeros. Recordemos el que se produjo tras el bienio progresista del reinado de Isabel II, dirigiéndolos a ferrocarriles y minería, o tras la llegada de la repatriación de capitales y empresarios americanos tras la derrota de 1898, o el alud que siguió al Plan de Estabilización de 1959 como presenté en mi artículo «Las inversiones privadas extranjeras en España en el periodo 1960-70» en el Boletín de Estudios Económicos, diciembre 1975. Eso se ha esfumado, y por tanto proseguir en el endeudamiento exterior, parece imposible, al mezclarse la actual crisis financiera con una creciente disminución del índice de valoración de nuestra solvencia -«rating»-, lo que provoca, automáticamente, subidas importantes en los tipos de interés, como ahora mismo contemplamos al hilo de rumores sobre lo que puede decidir sobre nuestra solvencia Moody's en las que son deudas muy seguras, las de los bonos del Estado. Recuérdese que incrementar los intereses supone tanto como bloquear la salida de la crisis.
Claro que, como hemos visto en la expansión que va de 2004 a 2007, los incrementos del PIB provocan aumentos considerables de las importaciones.
¿Hemos caído, pues, en una trampa de pobreza creciente, sin salida posible?
De ahí la importancia de alterar seriamente nuestra política económica.
Evidentemente, es fundamental cortar el gasto público -no aumentando los impuestos, como ya en 1994 y 1995, en polémica con Borrell, señaló con acierto Fuentes Quintana- pero no con arbitrios como los recientemente puestos en acción, sino con una dura y prolija selección de desembolsos a eliminar en todas las Administraciones públicas.

Pero, además, como señala el citado Informe del Banco de España, es urgente, me atrevería a añadir que todo retraso lleva a la catástrofe, una corrección permanente del déficit exterior a través de «cambios importantes en la estructura productiva española y una mejora significativa de la competitividad». Y esto exige «la adopción de reformas» capaces de aumentar «la flexibilidad en los mercados de productos y factores».
¿Lo consiguen las actuales políticas económicas autonómicas, concretamente la contenida en el Estatuto de Cataluña?
¿Y la política energética, orientada hacia un encarecimiento?
¿Y el mercado laboral?
¿Y lo factores institucionales existentes, generadores de todo tipo de rigideces?
¿Y el mecanismo de financiación de las pensiones?
Por supuesto, ¿y nuestro aparato educativo y el complemento de nuestra deficiente tecnología?

Ha llegado la hora, como sucedió en 1959, en 1977, en 1985 y en 1998, de cambiar de raíz muchas cosas.
La alternativa, conviene recordarlo, es un progresivo y forzoso empobrecimiento
.

http://www.abc.es/20100712/economia/endeudamiento-exterior-amenaza-20100712.html